¿Por qué la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa Bautiza Infantes?

¿Le sorprende a usted que aunque somos presbiterianos, somos también bautistas? La verdad, es que nosotros sí bautizamos. Nuestro descuerdo con nuestros hermanos “bautistas”, no es sobre si debemos bautizar; es sobre a quiénes debemos bautizar. Nosotros bautizamos a creyentes profesantes y a sus hijos. ¿Por qué nosotros bautizamos sus hijos?


De paso, déjeme decirle que nosotros no estamos solos. Es un hecho que el bautismo infantil es una práctica histórica del cristianismo. En su libro Bosquejos de Teología, A.A: Hodge lo resume así: “La práctica del bautismo infantil es una institución que existe como un hecho, y prevalece a través de la iglesia universal, con la excepción de los modernos Bautistas, cuyo origen puede ser trazado hasta los anabautistas de Alemania, cerca del 1537 d.C...” Entonces, como prueba, el cita a Ireneo (quien nació antes de la muerte del apóstol Juan), Justino Mártir (138 d.C.), Tertuliano (nacido en 160 d.C.), Cipriano (253 d.C.), y Agustín (nacido en 354 d.C.). Hodge concluye: “el bautismo infantil ha prevalecido (a) desde la era apostólica, (b) en todas las secciones de los padres de la iglesia, (c) ininterrumpidamente hasta el tiempo presente, (d) en cada una de las grandes iglesias históricas de la Reforma, mientras que sus impugnadores se remontan desde la Reforma" Ahora, esto es interesante. Esto nos anima. Pero, no es por eso que nosotros bautizamos infantes.


Al fin de cuenta, en la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa, bautizamos a los hijos de creyentes porque creemos firmemente ¡que la Palabra de Dios nos lo dice! Para contestar correctamente la pregunta, “¿Debemos bautiza Infantes?”, usted tiene que ver la Palabra de Dios como su guía de autoridad. Usted tiene que preguntar, ¿Es bíblico el bautismo infantil?


Habiendo dicho eso, usted todavía tiene que encarar la cuestión de cómo acercarse correctamente a la Biblia para entenderlo correctamente. Los creyentes tratan comúnmente tópicos como el bautismo buscando textos bíblicos desconectados o en particular; por ejemplo: “¿Qué versículo en la Biblia enseña explícitamente el bautismo infantil?”. Usted comienza a ver un problema serio con esta forma de proceder, debido a que, si usted lo observa, este es el mismo acercamiento que usan las sectas para negar otras doctrinas (por ejemplo: ¿”Qué versículo de la Biblia enseña explícitamente que el “Sabbath” fue cambiado del séptimo día al primero de la semana?”) De hecho, este es exactamente el mismo acercamiento que los cultos usan para negar lo esencial de la fe, (“¿Qué versículo en la Biblia enseña explícitamente la Trinidad?”).


Una manera mejor es dejar que la Escritura interprete a la Escritura -, esto es, interpretar el texto a la luz de su contexto inmediato, a la luz de su contexto mediato más amplio, a la luz del sistema total de la verdad enseñada en la Palabra de Dios. Este segundo acercamiento es mejor porque, para entender correctamente los textos, usted necesita interpretarlos en su contexto. Y, cuando usted opta por usar esta forma de interpretación, usted encuentra que hay claras garantías bíblicas para bautizar tanto a los creyentes como a sus hijos.


Me gustaría invitarle a considerarlo a la luz de los siguientes cinco pasos explicativos:


  1. La iglesia del Antiguo Testamento y la iglesia del Nuevo Testamento son, en esencia, la misma iglesia;

  2. Dios incluye los hijos de los creyentes como miembros de esta iglesia;

  3. En la era del Antiguo Testamento, debido a que los hijos de los creyentes eran miembros de la iglesia, les fue dado el signo (marca) de la circuncisión;

  4. En la era del Nuevo Testamento, Dios tomó el signo o marca de la circuncisión y lo cambió por el bautismo;

  5. Por tanto, en la era del Nuevo Testamento, a los hijos de los creyentes, porque ellos son miembros de la iglesia, les ha de ser dado el signo del bautismo.


Vamos a darle un vistazo más cercano a esto.


Paso #1. La iglesia del Antiguo Testamento y la iglesia del Nuevo Testamento son, en esencia, la misma iglesia. De la misma manera que una oruga y una mariposa, son diferentes en forma, pero las mismas en esencia.


Ambas son salvas de la misma forma. Romanos 4:13: “En efecto, no fue mediante la ley como Abraham y su descendencia recibieron la promesa de que él sería heredero del mundo, sino mediante la fe, la cual se le tomó en cuenta como justicia.”


Ambas miran hacia el mismo Salvador. Romanos 3:20-26 – “Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado. Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación, que se recibe por la fe en su sangre, para sí demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús.”


Cuando los creyentes del Antiguo Testamento traían sus sacrificios en fe, ellos estaban confiando en el sacrificio que Dios proveería algún día. Hebreos 10:1-14 –“La ley es sólo una sombra de los bienes venideros, y no la presencia misma de estas realidades. Por eso nunca puede, mediante los mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, hacer perfectos a los que adoran... es imposible que la sangre de los toros y los machos cabríos quite los pecados... somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de Jesucristo, ofrecido una vez y para siempre... este sacerdote, después de ofrecer por los pecados un solo sacrificio para siempre, se sentó a la derecha de Dios.”


Ambas están bajo la misma relación pactual. Gálatas 3:7-29 – “Sepan que los descendientes de Abraham son aquellos que viven por la fe. En efecto, la Escritura, habiendo previsto que Dios justificaría por la fe a las naciones, anunció de antemano el evangelio a Abraham: “Por medio de ti serán bendecidas todas las naciones.” Así, que, los que viven por la fe son bendecidos juntamente con Abraham, el hombre de fe.. Cristo nos rescató... para que, por medio de Jesús, la bendición de Abraham llegara a las naciones, y para que por la fe recibiéramos el Espíritu según la promesa...Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.”


Ambas son miembros del mismo cuerpo. Efesios 2:11-19 – Por lo tanto, recuerden ustedes los gentiles de nacimiento –los que son llamados “incircuncisos” por aquellos que se llaman “la circuncisión”, la cual se hace en el cuerpo por mano humana- recuerden que en ese entonces ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, a ustedes que antes estaban lejos, Dios lo ha acercado mediante la sangre de Cristo... Por lo tanto, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.”


Ambas son “ramas” del mismo olivo, Romanos 11:17-26. El apóstol Pablo declara que Israel como un todo no fue desheredado, sino que los judíos incrédulos fueron desgajados de su propio olivo, y que las ramas gentiles fueron injertadas en su lugar; y él predice un tiempo cuando Dios convertirá muchos judíos y los volverá a injertar en el mismo árbol con los creyentes gentiles.


Porque la iglesia del Antiguo Testamento y la iglesia del Nuevo Testamento son, en esencia, la misma iglesia, algunas veces se intercambian nombres.


Por un lado, la Biblia llama al Israel del Antiguo Testamento “la iglesia”. “Iglesia o asamblea” [ecclessia] es la palabra griega en el Nuevo Testamento usada en el Hebreo del Antiguo Testamento: “congregación” [qahal]. Compare el Salmo 22:22 con Hebreos 2:12. Por esta razón Esteban llamó a la congregación de Israel en el Monte Sinaí “la iglesia en el desierto”, Hechos 7:38.


Por otro lado, la Biblia llama a la Iglesia del Nuevo Testamento “Israel”, -Gálatas 6:16. El apóstol Pedro le otorga ampliamente términos correspondientes a Israel, a la iglesia del Nuevo Testamento. 1 Pedro 2:9: “Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios.” El apóstol Pablo describe a todos los que descansan en Cristo solamente como “la verdadera circuncisión” –Filipenses 3:3. Santiago llama a la iglesia local “sinagoga”, Santiago 2:2. Los “ancianos” del Nuevo Testamento son idénticos en nombre y función a aquellos de la sinagoga del Antiguo Testamento.


Por tanto, la iglesia del Antiguo Testamento y la iglesia del Nuevo Testamento son en esencia la misma iglesia.



Paso #2. Dios incluye a hijos de los creyentes como miembros de su iglesia.


A nuestros hermanos “bautistas”, algunas veces les sorprende por qué nosotros consideramos a los hijos de los creyentes como miembros de la iglesia. La razón es esta...


El mismo Dios viviente acogió los hijos de los creyentes como miembros de su iglesia. Génesis 17:7 –“Estableceré mi pacto contigo y con tu descendencia, como pacto perpetuo, por todas las generaciones. Yo seré tu Dios, y el Dios de tus descendientes.”


Además, Dios en ningún sitio anula este principio de que los hijos de los creyentes son miembros de la iglesia. Esto es bien significativo. Para sostener su posición, aquellos que se oponen al bautismo infantil tienen que probar que él anuló este principio. ¿Dónde la Biblia enseña eso? Esta es una pregunta que demanda una respuesta.


Matthew Henry lo pone de esta manera: "Nuestros oponentes nos reclaman que probemos por Escrituras específicas que los infantes están en el pacto; pero ciertamente, habiendo probado y aún demostrado que estaban en el pacto, recae sobre ellos demostrar dónde y cuándo ellos fueron excluidos del pacto; lo cual ellos nunca podrán probar; no, no sin por lo menos atenerse a las consecuencias de sus pasos. Está más claro que el sol al medio día, que la simiente de los creyentes tienen el derecho al sello de iniciación del pacto; y ¿cómo ellos han venido a perder ese derecho?


Si la simiente de los creyentes quienes fueron incluidos en el pacto, y tienen el derecho al sello de iniciación bajo el Antiguo Testamento, van a ser, ahora, puestos fuera del pacto, y privados de ese derecho, entonces los tiempos de la ley estaban más llenos de gracia que los tiempos del evangelio; lo cual es absurdo. ¿Se puede imaginar que los gentiles están, con respecto a sus hijos, en un peor estado de lo que estaban en el Antiguo Testamento? Entonces, si un gentil se hacía prosélito e incluido en el pacto, sus hijos eran incluidos con el; ¿y es este privilegio negado ahora? ¿Es que la simiente de fe de Abraham está en peor condición que la simiente carnal de Abraham?


Ya usted ve, el punto de vista “bautista” está construido en esta suposición -la suposición de que, en el Nuevo Testamento, los hijos de los creyentes, no son más miembros de la iglesia.


¡Pero cuando usted lee el Nuevo Testamento encuentra todo lo contrario! El Nuevo Testamento se alinea con el Antiguo Testamento en continuar asumiendo que los hijos de los creyentes están incluidos en la iglesia.


Nuestro Señor Jesucristo dio por sentado que los hijos de los creyentes son parte de su iglesia. Lucas 18:15-16 –“También le llevaban niños pequeños a Jesús para que los tocara. Al ver esto, los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Pero Jesús llamó a los niños y dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.”


El apóstol Pedro también asume que los hijos de los creyentes fueron incluidos en la iglesia. Hechos 2:39 –“En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos...” ¡Sombras de Génesis 17:7! Pedro estaba hablando a los judíos –gente que estaba empapada del Antiguo Testamento. Si él estaba intentando enseñarles que Dios había anulado el principio de membresía en la iglesia de los hijos del pacto, entonces, ¡él no pudo haber escogido un lenguaje más erróneo!


“¡Un momento!”, alguien podría objetar. “¡Pedro no está hablando acerca de la promesa a Abraham! Él está hablando acerca de la promesa del Espíritu Santo (Hechos 2:38), ¿no es así?” Bien, miremos de nuevo en Gálatas 3:14, “Así sucedió, para que, por medio de Cristo Jesús, la bendición prometida a Abraham llegara a las naciones, , y para que por la fe recibiéramos el Espíritu Santo según la promesa.” Así que, ¡Pedro está diciendo que la promesa a Abraham es para ustedes y sus hijos, ahora en la era del Nuevo Testamento!


De la misma manera, el apóstol Pablo asume que los hijos de creyentes fueron incluidos en la iglesia. Si él estaba tratando de enseñar que Dios ya no estaba incluyendo niños del pacto en la iglesia, el usó exactamente las palabras equivocadas en Hechos 16:31: -“Cree [singular] en el Señor Jesús; así tú[singular] y tu familia [plural] serán salvos.”


–“Porque el esposo no creyente ha sido santificado por la unión con su esposa, y la esposa no creyente ha sido santificada por la unión con su esposo creyente. Si así no fuera, sus hijos serían impuros, mientras que, de hecho, son santos. De nuevo, en 1 Corintios 7:14, Pablo asume que Dios incluye niños en la comunidad del pacto, la iglesia. ” La palabra “santo” en las cartas de Pablo es una palabra pactual, que significa siempre “separado”. Los hijos, aún de sólo un creyente son “santos”, apartados en una manera especial para Dios.


Otra vez, en Efesios 1:1 Pablo dice que él escribió su epístola “a los santos en Éfeso.” Entonces, en Efesios 6:1, Pablo se dirige directamente a algunos de esos santos que formaban parte de la iglesia de Éfeso: “Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo”.


Usted ve, los hijos de los creyentes son parte de la iglesia. Dios mismo los incluyó a ellos como miembros en el Antiguo Testamento, y Dios nunca quitó este principio “tú y tus hijos”. Al contrario, el Nuevo Testamento lo confirma y lo porta en él.



Paso #3 En la era del Antiguo Testamento, debido a que los hijos de los creyentes eran miembros de la iglesia, les fue dado el signo (marca) de la circuncisión.


Muchos creyentes están de acuerdo en este punto, por eso vamos a ver una sola cita de la Escritura: Génesis 17:10-13 -“Y este es el pacto que establezco contigo y con tu descendencia, y que todos deberán cumplir: “Todos los varones entre ustedes deberán ser circuncidados... Todos los varones de cada generación deberán ser circuncidados al octavo día... De esta manera mi pacto quedará como una marca indeleble en la carne de ustedes, como un pacto perpetuo.”


Paso # 4 En la era del Nuevo Testamento, Dios tomó el signo o marca de la circuncisión y lo cambió por el bautismo. ¿Cómo usted ve esto?


Primero, nuestro Señor Jesús puso el bautismo en el lugar de la circuncisión como rito de entrada en la iglesia visible.


En el Antiguo Testamento, cuando alguno era convertido, tenía que ser circuncidado como rito de entrada en la iglesia. Pero cuando Jesús dio la Gran Comisión, ordenó a sus discípulos ir por todo el mundo y hacer discípulos de todas las naciones, él le dijo a su iglesia que bautizaran a los convertidos en vez de circuncidarlos. De esta manera, Jesús puso el bautismo en el lugar de la circuncisión. Mateo 28:19


Segundo, la Palabra de Dios enseña que la circuncisión y el bautismo comparten básicamente el mismo significado espiritual. Nuestros hermanos “bautistas” dicen que la circuncisión fue un signo nacional, mientras que, por el contrario, el bautismo es un signo espiritual. Pero, ¿Qué es lo que la Palabra de Dios dice?


Deuteronomio 30:6 –“El Señor tu Dios quitará (circuncidará) lo pagano que haya en tu corazón y en el de tus descendientes, para que lo ames con todo tu corazón y con toda tu alma, y así tengas vida.” En otras palabras, la circuncisión simbolizó regeneración – ¡el nuevo nacimiento!, es un signo espiritual.


Jeremías 4:4 nos dice que fue también signo de conversión -arrepentimiento y fe. “Marquen su corazón con la señal del pacto; circuncídense para honrar al Señor, no sea que por la maldad de sus obras mi furor se encienda como el fuego, y arda sin que nadie pueda apagarlo.”


En Romanos 2:28-29, leemos, “Lo exterior no hace a nadie judío, ni consiste la circuncisión en una señal en el cuerpo. El verdadero judío lo es interiormente; y la circuncisión es la del corazón, la que realiza el Espíritu, no el mandamiento escrito. Al que es judío así, lo alaba Dios y no la gente.” Nuevamente, la circuncisión fue un signo de la regeneración – el nuevo nacimiento. Practicar la circuncisión no salvaba automáticamente a nadie. La fe personal en la salvación de Dios fue requerida en el Antiguo Testamento, de la misma manera que en el Nuevo.


Hablando de Abraham, Romanos 4:11 dice, “Es más, cuando todavía no estaba circuncidado, recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia que se le había tomado en cuenta por la fe.” Aquí vemos que la circuncisión fue un signo y sello de la salvación -justificación por fe solamente.


Debido a esto, Pablo escribe en Filipenses 3:3 -“Porque la circuncisión somos nosotros, los que por medio del Espíritu de Dios adoramos, nos enorgullecemos en Cristo Jesús y no ponemos nuestra confianza en esfuerzos humanos.” Aquellos que están descansando en Cristo como su Salvador tienen la realidad que fue simbolizada por la circuncisión, así que ellos solamente pudieran ser considerados como la verdadera circuncisión, ahora que la era del Nuevo Testamento ha comenzado.


Así que, primero, nuestro Señor puso la circuncisión como rito de entrada a la iglesia. Segundo, la Biblia enseña que la circuncisión y el bautismo comparten el mismo significado espiritual básico. Tercero, el Nuevo Testamento, explícitamente, pone al mismo nivel la circuncisión y el bautismo... inclusive, ¡los usa intercambiadamente! Por ejemplo, Colosenses 2:11-12 vincula tan fuertemente la circuncisión y el bautismo, que identifica el uno con el otro -En él [Cristo] fueron circuncidados, no por mano humana sino con la circuncisión que consiste en despojarse del cuerpo pecaminoso. Esta circuncisión la efectuó Cristo. Ustedes la recibieron al ser sepultados con él en el bautismo.”


En otras palabras, su bautismo fue su “circuncisión cristiana”. El Nuevo Testamento une inseparablemente la circuncisión y el bautismo. Y lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.


A lo que esto se reduce es, a que el bautismo es para el Nuevo Testamento lo que la circuncisión para el Antiguo Testamento. Esto significa que las mismas objeciones que nuestros hermanos bautistas frecuentemente levantan contra el bautismo infantil, también aplican contra la circuncisión de infantes. Y, aún así, ¡Dios mandó la circuncisión infantil!


Paso #5 Porque la iglesia del Antiguo Testamento y la iglesia del Nuevo Testamento son, en esencia, la misma iglesia; Porque Dios incluye los hijos de los creyentes como miembros de esta iglesia; Porque en la era del Antiguo Testamento, debido a que los hijos de los creyentes eran miembros de la iglesia, les fue dado el signo (marca) de la circuncisión; Porque en la era del Nuevo Testamento, Dios tomó el signo o marca de la circuncisión y lo cambió por el bautismo; Por tanto, en la era del Nuevo Testamento, a los hijos de los creyentes, porque ellos son miembros de la iglesia, les ha de ser dado el signo del bautismo.


“Todo esto parece tener sentido”, alguien podría decir, “excepto -¿No anula esto, claramente, nuestro Señor Jesucristo en Marcos 16:16 (“el que creyere y fuere bautizado, será salvo”)? ¿No enseña él que la fe tiene que venir antes del bautismo? ¿No tenemos que concluir que debido a que los niños no pueden creer, entonces, no deben ser bautizados?”


¿Cómo nosotros respondemos a esto?


Bien, primero, note que esta objeción también tendría que aplicar a la circuncisión infantil. En efecto, Dios le dijo a Abraham que creyera y fuera circuncidado. La fe personal fue tan necesaria para la salvación en el Antiguo Testamento como lo es en el Nuevo Testamento. Un adulto convertido al judaísmo, tuvo que creer primero, y luego ser circuncidado.


Segundo, usted puede ver que esta objeción está equivocada debido a que prueba demasiado. Si usted aplica la misma lógica al resto del versículo, usted está obligado a concluir, que debido a que los infantes no pueden creer, ellos, tampoco pueden ser salvos. Esta objeción, no solamente mantiene a los infantes fuera del bautismo, sino que también los mantiene fuera del cielo.


Tercero, usted puede ver que esta objeción está equivocada porque es pelagiana en su fondo. Haciendo que el bautismo depende de una habilidad humana, se asume que la fe salvadora es un resultado de la carne, y no una obra de la gracia soberana de Dios. Pero, la Biblia insiste que nadie, ni aún uno –sea infante o adulto- está capacitado para creer en Cristo hasta que el Espíritu Santo, sobrenaturalmente, lo habilita (Efesios 2:1ss) . Gracias a Dios, él no está atado por nuestra inhabilidad, o ¡todos estaríamos sin esperanza! ¡Pero lo que es imposible para el hombre, es posible para Dios! El Soberano Dios puede aún obrar la fe en un infante (Salmo 22:9 –“Me hiciste reposar confiado en el regazo de mi madre”). ¡El Soberano Dios puede, igualmente, obrar la fe en un niño que no ha nacido. (¿Quién nació de nuevo antes de nacer? ¡Juan el Bautista! Véase Lucas 1:41). Y esto es parte de lo que declara el bautismo: “Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los escogí a ustedes (Juan 15:16).


Cuarto, usted puede ver la falacia de esta objeción, si usted aplica la misma lógica a otros versículos. Busque 2 Tesalonicenses 3:10 –“Porque, incluso, cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: “”El que no quiera trabajar, que tampoco coma.” Si esta lógica es válida, entonces, usted tiene que admitir que los infantes no pueden trabajar, por lo que ellos no pueden comer. Pero, espere un momento. Para aplicar 2 Tesalonicenses 3:10 de esa manera a un infante, está claro que lo tiene que sacar de contexto. ¡Y ese es exactamente el caso con Marcos 16:16! Marcos 16:16 ¡es un mandamiento para evangelizar adultos sin bautizar, y esa es nuestra práctica. Un adulto sin bautizar tiene que profesar su fe antes de que pueda ser bautizado. Esto es cierto en el Antiguo Testamento con la circuncisión, y es cierto en el Nuevo Testamento con el bautismo.


Otros pueden objetar: “Pero, no hay un versículo directo o explícito en la Biblia que mande a bautizar los hijos de los creyentes.”


Bueno, eso es verdad. Pero, aún así, como hemos visto, los principios de Dios “tú y tus hijos” los podemos escuchar fuerte y claro. Ellos proclaman un indirecto o implícito mandamiento para bautizar a los hijos de los creyentes. Si los hijos de los creyentes no han de ser bautizados, lo que realmente necesitamos encontrar es la instrucción de que los niños no recibirán más la señal del pacto. ¡No hay ninguna!


Al contrario, como hemos visto, el Nuevo Testamento asume los principios de “tu y tus hijos”. A la luz de esta asunción considere estos ejemplos de bautismos en el Nuevo Testamento:

  • Hechos 16:15 –“fue bautizado con su familia.”

  • Hechos 16:33 – “fueron bautizados él y toda su familia.”

  • 1 Corintios 1:16 – “también bauticé a la familia de Estefanía.”

¿Cómo podrían los primeros cristianos –mayormente judíos amparados en las Escrituras del Antiguo Testamento- haber interpretado estos textos? La Palabra de Dios en ningún lugar dice que estas familias no incluyeron niños. De hecho, una mente judía, inmediatamente asumiría que estaban incluidos. Si los niños del pacto, no recibirían más el signo del pacto, ¿no causaría esto una tremenda confusión en la iglesia primitiva? ¿No tendrían necesidad los primeros creyentes de ser instruidos de lo contrario, como hicieron con otros problemas? Entonces, ¿por qué está usted procurándolo? Esto no tiene sentido... ¡a menos, que Dios actualmente continúe con su modo de relacionarse con ambos, los creyentes y sus hijos!


Finalmente –y esto es significativo, también- no hay un solo ejemplo en todo el Nuevo Testamento de “bautismo de creyentes”, de alguien que creció en un hogar cristiano. En la asunción “bautista” tiene que haber cientos de esos casos antes de que las Escrituras del Nuevo Testamento fueran completadas. Pero, todavía, ¡no producen un solo ejemplo de eso! No hay ni siquiera una pizca de enseñanza al respecto. ¿Por qué no? Esto no tiene sentido tampoco – a menos, que Dios continúe con su modo de relacionarse con los creyentes y sus hijos.


Usted ve, los argumentos “bautistas” generalmente tratan de llevarnos al borde del precipicio a los paedobautistas (Ref. a Bautizar Niños). Se mantienen diciéndonos: “Muéstrenme un mandamiento explícito o un ejemplo de bautismo infantil en el Nuevo Testamento.” Sin embargo, cuando usted afronta este asunto a la luz del sistema completo de la verdad enseñada en la Palabra de Dios, usted ve que la limitación de la prueba está en el Bautista. El es el que va completamente en contra del diseño del modo revelado por Dios para relacionarse con su pueblo. Él es el que todavía tiene que probar que Dios ha anulado el principio del “tu y tus hijos” establecido en Génesis y reafirmado a través de la Biblia. Él tiene que probar todavía dónde la Biblia enseña que ya Dios no trata más con los dos, individuos y familias, como él siempre lo ha hecho. Y, esto, es precisamente lo que no pueden hacer.


Conclusión


A la luz de la evidencia acumulativa de comparar Escritura con Escritura, la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa está persuadida -como lo está el cristianismo histórico- que la respuesta a la pregunta, “¿Es bíblico el bautismo infantil?”, es un estruendoso “Sí”.


Dios revela que él quiere extender su iglesia en ambas formas: espacio (por la conversión de paganos) y tiempo (por la nutrición de los hijos del pacto, de tal manera, que generación tras generación crezca la confianza y el servicio al Señor).


Dios trata con individuos, así como con familias. Esto no significa que las conversiones son automáticas, ni que el bautismo es algo mágico. El bautismo no garantiza la salvación más de lo que lo hacía la circuncisión. La salvación es por gracia, solamente por medio de la fe en Cristo. Usted puede, legítimamente, parafrasear Romanos 2:28-29, “Usted no es cristiano, si lo es solo exteriormente, tampoco si el bautismo es solamente externo y físico. No, usted es cristiano si lo es interiormente; y si el bautismo es de corazón, por el Espíritu, no por un código escrito”.


Padres cristianos, esto significa que ustedes tienen que pro-activamente nutrir a sus hijos en la fe cristiana. Usted no debe tratar a sus hijos como “neutrales” hasta que “tengan la edad suficiente para hacer su propia decisión”. En el bautismo, Dios ha reclamado a su hijo. Por eso, usted tiene que entrenar (instruir) a su hijo para responder con fe y obediencia al Cristo del pacto.


Por otra parte, niños del pacto, esto significa que ustedes tienen que responder con fe y obediencia al Cristo del pacto. Tienes que confiar personalmente en Jesús como tu Salvador. Si no lo haces, entonces, tú irás al infierno. Y, déjame advertirte: La Biblia enseña que la parte más caliente del infierno está reservada para aquellos que gustaron el don celestial y se apartaron de él. Pero, yo espero mejores cosas de ti. En tu bautismo, el Señor te dice: “Mi hijo, tú me perteneces. Dame tu corazón.” Asegúrate de responderle: “Señor, te entrego mi corazón, dispuesto y sinceramente.”


Dios ha iniciado, Dios ha planificado, y Dios ha establecido la salvación para sus hijos. Por medio de su Palabra y Espíritu está edificando su Iglesia. Y Dios ha dado el bautismo como un signo, un sello, y un medio de confirmación de sus promesas del Evangelio. Es un privilegio para ambos, para usted y sus hijos. Dios, en su gracia, se ha comprometido con las promesas de su Palabra. Y él te llama, a ti y a tus hijos, a guardar su pacto y a disfrutar sus bendiciones de generación en generación.


Nosotros estamos profundamente interesados en someternos a las enseñanzas de la Biblia. Por favor, siéntase en libertad de escribirnos para más información. Consideramos un privilegio poder servirle tanto como podamos.


Larry Wilson es un ministro de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa.

La traducción al español es responsabilidad de Milton Villanueva, evangelista de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa en San Juan, Puerto Rico.

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