En el jardín de la espiritualidad prestada

Cuídate de ti mismo y de la doctrina.(1tim.4:16)

Desde los días que Pablo encontró al joven Timoteo en Listra, ya él tenía una reputación de piedad. Haber estado con Pablo en sus enseñanzas, acompañándole en todas esas experiencias y ver a un Apóstol tan apasionado por Cristo de seguro fue un discipulado impactante para Timoteo.

Pero llegó el momento para Timoteo de estar solo y cuidar de otros. La cantidad de exhortaciones personales que hay para Timoteo en las cartas que Pablo le escribió son impresionantes. Él debe pelear como un soldado, sembrar como un agricultor, sufrir, vivir piadosamente, ocuparse de la predicación, gobernar la iglesia etc. El punto de mi breve artículo es que Timoteo debe cultivar la propia flor de su vida que nace de su unión personal con Cristo. Él no puede vivir a la luz de los méritos de Pablo, no puede presentar las obras de pablo delante de Dios como si fueran suyas, tampoco le es permitido presentar la santificación del apóstol como suya, después de todo Timoteo está unido a Cristo no ha Pablo, por ende El Espíritu de Cristo Habita en él y estas flores de perseverancia, devoción, pasión, celo, fidelidad deben crecer en su propio jardín.

Mi preocupación en este artículo es que veo en una parte mi generación el engaño de vivir en el jardín de la espiritualidad prestada. Lo que quiero decir con esto es que a menudo me topo con hermanos que ya no son ellos mismos sino una mixtura de Lutero/Baxter o Calvino/Spurgeon, hay otras combinaciones que he visto pero solo es para poner un ejemplo.

Los veo abrazando las depresiones de Lutero y somatizándolas para ellos a veces con la obsesión de estar deprimido para ser como los “reformadores”. Pero resulta que Dios trabajo en el jardín de Lutero obrando sufrimientos, persecuciones, consolaciones y en el crecieron muchas flores hermosas, lo que sucede es que cuando tratas de tener las depresiones de Lutero sin su vida de sacrificio por el evangelio te ves ridículo pues tú no has salido ni a evangelizar a tu vecino. El celo de los pactantes es hermoso y lo es por el hecho de que el celo por la palabra se dejaba ver en cada área de su vida, era algo magnífico pero en ti el celo de los pactantes no coordina con tu vida abiertamente inmoral y solo resalta tu hipocresía.

Cuando leemos las obras magnas de nuestros reformadores nos maravillamos pues una generación tan brillante podía describir lo que sucedía en sus corazones cosa que a veces es difícil para nosotros. Las veces que esto sucede nos alegramos de lo que Dios está también haciendo en nuestras vidas. El peligro es tratar de vivir con una espiritualidad prestada que es el fruto del trabajo de Dios en la vida de ese otro.

Por ejemplo cuando leemos las obras de algunos puritanos casi que podemos sentir la manera como ellos estaban maravillados por la belleza de Cristo, los ojos de sus almas estaban iluminados por la palabra, es sencillamente calido.El peligro es el mismo: esas flores de admiración y devoción profunda por Cristo estaban en el jardín de ellos , son el producto de horas de estudio, sufrimientos, oraciones, disciplinas no podemos arrancarlas de su jardín y traerlas al nuestro para engañarnos memorizando algunas de sus citas y presumirlas cuando la conciencia nos grita que tú no vives así de amante intenso por cristo. En vez de eso podemos ser desafiados a cultivar nuestro propio jardín. Una generación que no cultiva su propia relación con Dios está en peligro porque tarde o temprano saldrá lo que realmente somos, yo no podré presentar los méritos de Calvino, Lloyd jones, Owen etc como si fueran míos.

Por eso conviene recordar las palabras del apóstol: Cuídate de ti mismo y de la doctrina. Esto es algo que nadie más puede hacer por ti.

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