La Predicación Cristocéntrica desde Toda Biblia

 

¿Le puedo invitar a examinar su Biblia? Mire con cuidado las señales de desgaste a lo largo del filo de las páginas. A menos que su Biblia sea bastante nueva o usted sea un predicador extraordinario, predeciré que usted puede encontrar con su uña del pulgar dónde comienza el Nuevo Testamento. Es donde la tinta dorada se ha desvanecido del filo de las páginas en una línea bien definida. Muy probablemente usted puede encontrar los Salmos o Isaías por los filos de página también.

Usted se puede dar una idea viendo su archivo de sermones. ¿En qué proporción ha predicado textos del Antiguo y del Nuevo Testamento?

Si nosotros vamos a llevar Biblias y no simplemente Testamentos de bolsillo, seguramente debemos usar el Antiguo Testamento más de lo que lo hacemos. La Biblia misionera de la iglesia apostólica fue el Antiguo Testamento. Nuestro Señor en la sinagoga de Nazaret (Lc. 4), Pedro en Pentecostés (Hch. 2), Pablo en las sinagogas de Asia Menor y Grecia; todos ellos predicaron el evangelio usando el Antiguo Testamento. Durante el tiempo en que el testimonio apostólico sobre Cristo todavía se estaba registrando, el Antiguo Testamento era la Escritura a partir de la cual la iglesia predicó a Cristo.

 

¿Por qué usamos el Antiguo Testamento con poca frecuencia en nuestra predicación? Algunos predicadores quizás descuidan el Antiguo Testamento porque ni siquiera predican textos bíblicos. Ellos prefieren predicar sobre temas que son más o menos bíblicos. Otros sienten que el Antiguo Testamento está demasiado lejos de la vida contemporánea. Un gran obstáculo ha sido la idea de que los textos del Antiguo Testamento no presentan el evangelio con claridad. Los predicadores cristianos bien pueden tener miedo de predicar “sermones de sinagoga” o ser legalistas o moralistas en su ministerio desde el púlpito.

 

Si vamos a predicar de la Biblia entera, debemos ser capaces de ver cómo toda la Biblia testifica a Jesucristo. La Biblia tiene una llave, una que abre la comunicación del Antiguo Testamento con el Nuevo. Esta llave está presente al final del Evangelio de Lucas (Lc. 24:13- 27, 44-48). Se encuentra en la enseñanza de Jesús después de su resurrección. Cuando Jesús encontró a los dos discípulos desalentados en camino a Emaús la mañana de su resurrección, El no les quitó su dolor revelándose a ellos de una vez.

 

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