Embajadores de Dios: Consejos para los Predicadores

June 21, 2017

 

Si un centenar de pastores se pusieran de acuerdo para dar  consejo a otros que desean ser ministros, valdría la pena considerar la sabiduría de estos consejos.

 

Esto fue precisamente lo que sucedió en la asamblea de Westminster cuando redactaron en su directorio de culto, un sub-directorio sobre la predicación, en este,  explicaron lo que se espera de una persona que anhela servir al Señor en el ministerio de la predicación, en resumen, se espera que sea: un erudito, un adorador, un orador, un apologista, un pastor y un siervo.

 

1. Un erudito 
 

Antes de que un hombre aspire entrar en el púlpito, el predicador esta llamado  a ser un erudito. En el directorio para la ordenación de pastores, la asamblea explicó: "de acuerdo con las reglas de ordenación, un ministro debe, en alguna buena medida estar preparado para un servicio tan dispendioso. El debe tener conocimiento de todo el cuerpo de doctrina, pero sobre todo de las Sagradas escritura; debe ser capaz de comprender y resumir la escritura, debe analizar y dividir el texto para asegurarse de las verdades y doctrinas que están contenidas en él.  Sin embrago debe ser un erudito capaz de enseñar la profundidad del texto en términos claros, para el beneficio de los demás y no solo para si mismo o para sus compañeros"

 

2. Un adorador

 

En los párrafos que enfatizan claramente las habilidades académicas de un predicador, la asamblea enfatizó que él predicador es ante todo un Adorador. De hecho, después de haber enfatizado en un párrafo que un predicador debe ser un estudiante de la verdad y un experto en la Biblia, el directorio  afirma que el predicador debe tener sus sentidos ejercitados muy por encima de la gente común, confiando en la iluminación del Espíritu de Dios para su propia edificación, leyendo, estudiando la palabra y buscando a Dios por medio de la oración y de un servicio humilde. El predicador debe estar siempre dispuesto a abrazar cualquier verdad que no había visto, cuando Dios se la haga ver.  

 

Los miembros de la Asamblea consideraban la preparación para la predicación como un acto de piedad, una experiencia santificánte de adoración personal. De manera que todo predicador debe ser dedicado y mejorar en su preparación privada y antes de entregar a la iglesia aquello que ha estudiado, el mismo debe estar persuadido en su corazón de toda la verdad de Cristo, y seriamente, en privado y en publico debe recomendar su servicio a Dios para que haga prosperar su palabra en el rebaño donde fue puesto por obispo. 

 

 

3. Un orador

 

Los predicadores no son solo profesionales pagados para estudiar temas y preparar sermones. Sin embargo, deben ser oradores profesionales, hombres capaces de construir y entregar sermones que sean bien ordenados y persuasivos. 

 

La asamblea esperaba que los sermones tuvieran introducciones, argumentos bien ordenados e ilustraciones para iluminar y traer deleite espiritual. En el directorio se insiste en que el propósito de la predicación era exhortar y transformar, así que no era considerada un tipo de retórica. En el Sub-directorio se enfatiza que aquellos que predican deben comunicar el mensaje de manera que todos puedan entender, entregando la verdad no en palabras de hombre, sino en demostración del Espíritu y de poder.  Los gestos, la voz y las expresiones del predicador deben ser apropiados para su ministerio. El predicador debe abstenerse de hablar en lenguas desconocidas o de citar oraciones de hombres del pasado que suenen extrañas, la asamblea no buscaba elegancia al hablar, sino claridad. Aunque sabían que la predicación es un trabajo de gran dificultad, que requería mucha prudencia, preparación y meditación, la asamblea quería hombres que pudieran predicar de tal manera que los que escuchaban pudieran considerar la palabra de Dios sencilla y poderosa, que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, de manera que si un ignorante o incrédulo está presente, pueda ser humillado y pueda dar gloria a Dios.  

 

4. Un apologista

 

El directorio también insiste en que todo predicador debe ser sabio para responder al error, ya que hay una dimensión apologética en su ministerio. 

 

El directorio no da por sentado que las personas que vienen a adorar y escuchan al predicador creen a todo lo que él les dice. Por lo tanto su sermón debe emplear pasajes de la escritura que confirmen la doctrina. El debe ofrecer en la medida de los posible, argumentos, razones solidas y convincentes, de manera que cualquier duda obvia, o error en los oyentes quede cubierta. Ya que habían predicadores que tenían la costumbre de refutar continuamente el error, la asamblea añadió con sensatez que no era adecuado hablar de viejas herejías o mencionar innecesariamente una opinión blasfema, a menos que el pueblo de Dios este en peligro de caer en el error o de ser confundido profundamente. 

 

5. Un pastor

 

No sorprende que la asamblea le recuerde a los predicadores que sus motivaciones y preocupaciones deben se las de un pastor. 

 

El predicador debe dirigirse al pueblo de manera que ellos sientan su tierno afecto, devoción honesta y una sincera preocupación por su bienestar. El debe caminar delante de su rebaño como un ejemplo en Cristo, mirando por el mismo y por el rebaño sobre el cual el Señor lo puso como obispo. El predicador debe ser consciente de su debilidad y pecaminosidad. S

 

us sermones no deben ser demasiado complicados. No deben cargar la mente de los oyentes con demasiados puntos en su sermón, o  con términos que no puedan entender. Su preocupación debe ser por sus almas, debe ocupar su sermón para edificar a los oyentes. Un buen predicador no solo llama a la gente al deber, sino que les ayuda como llegar a cumplirlos. El debe señalar la miseria y el peligro del pecado, y ofrecer consuelo en la tentación. El debe responder a las objeciones que se puedan levantar contra su predicación, esto lo puede lograr si convive y tiene una estrecha relación con su rebaño, así podrá elegir las mejores aplicaciones  y las doctrinas que mas puedan caer sus almas a Cristo.  

 

6. Un sirviente

 

Sobre todo, el predicador es un siervo, o "ministro". Y mientras la predicación es "una de las obras más grandes y excelentes", sigue siendo un trabajo. 
 

El predicador es un "trabajador", uno que espera no avergonzarse cuando tenga que rendir cuentas de su trabajo a Cristo. Él es un ministro de Cristo, pero también es un siervo del pueblo de Dios. Él debe trabajar duro para asegurarse de que su sermón no es una "carga" que los oyentes deben soportar, o un problema que sus mentes deban resolver, mas bien deben ser  para su edificación y beneficio. 

 

Él debe ofrecer un servicio de remoción de dudas, quitando de sus mentes todo prejuicio y error", o cualquier otra cosa que pudiera dificultar el progreso de su congregación. 

 

Como siervo, no se debería contentar con dar aplicaciones fáciles en sus sermones, sino que debe dar algo que sea verdaderamente útil para sus oyentes, aunque esto resulte siendo un gran trabajo para él mismo.

 

El predicador como siervo es el énfasis principal del sub-directorio para el predicador, y este termina con un llamado al trabajo fiel: "El siervo de Cristo, sea cual fuere su método, debe realizar todo su ministerio con mucho esfuerzo y sacrificio, no debe hacer el trabajo del Señor negligentemente. El debe servir en nombre del mas malo de sus oyentes" esto hace eco a las parábolas de Jesús  acerca de los obreros, la asamblea dice que el predicador debe siempre velar por estos fines sagrados: el honor de Cristo y la conversión, edificación y salvación de su pueblo, no por su propia gloria.

 

Como siervo debe ser sabio, serio y amoroso, de manera que el pueblo pueda ver que todo lo hace para el bien de ellos. Debe encomendar sus labores a la bendición de Dios, de manera que la doctrina de la verdad sea preservada sin corrupción y muchas almas se conviertan y sean edificadas, para que al final después de haber terminado su trabajo reciba la corona de gloria en el mundo por venir. 

 

 

Este artículo es un extracto y adaptación del próximo libro de Chad Van Dixhoorn, Embajadores de Dios: La Asamblea de Westminster y la reforma del púlpito inglés, 1643-1653. 

 

http://www.reformation21.org/articles/gods-ambassadors-advice-for-preachers.php 

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